jueves, 19 de septiembre de 2013

D. Alonso Núñez de Haro y Peralta (1729 -1800), arzobispo de México

Retrato nº 1: D. Alonso Núñez de Haro.
El más preclaro descendiente de nuestra población nació, en realidad, en Villagarcía del Llano (Cuenca) el 31 de octubre de 1729, hijo de García Núñez de Haro, natural de Cenizate (Albacete), y de Ana María de Peralta y Oñate, natural de Quintanar del Rey (Cuenca). Sacerdote políglota y de vasta cultura, fue arzobispo de México durante cerca de 28 años, desde 1772 hasta su muerte; y virrey de la Nueva España durante un breve período de tres meses en 1787. En 1792 el rey Carlos IV lo condecoró con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Murió a la edad de 70 años en la Ciudad de México el 26 de mayo de 1800.

ORÍGENES FAMILIARES. D. Alonso Núñez de Haro y Peralta descendía de familias de hacendados procedentes de Cenizate y Quintanar del Rey, por vías paterna y materna respectivamente.

Casa del Arzobispo en Villagarcía del Llano.
En el libro de bautismos de la iglesia de Cenizate correspondiente al período 1614-1713, se halla, en efecto, inscrita la partida bautismal de García Núñez de Haro, nacido el 28 de enero de 1691, hijo de Pedro Núñez Garrido e Isabel de Haro Grimaldos. [1]

En las Respuestas de Cenizate al cuestionario del geógrafo Tomás López, en 1786, se señalaba a este respecto que: “los Padres y Ascendientes del Señor Arzobispo de Méjico son de este Lugar, los que viven en villa Garcia de Cuenca, en donde a Nacido dicho Señor Arzobispo actual, y su Hermano Don García de Aro, Corregidor actual de Yniesta”. [2]

Iglesia parroquial de Villagarcía del Llano.
En un testamento de Villagarcía de Haro en 1753, la otorgante Mariana de Haro y Peralta se declaraba “hija lexítima de don Garzía Núñez de Haro y de doña Ana María de Peralta; aquel natural del lugar de Zenizate y ésta de la villa del Quintanar, ambos vezinos desta villa de Villagarzía y en la que tienen su domizilio”. [3]

Según los documentos citados, del matrimonio entre García Núñez de Haro y Ana María de Peralta nacieron, al menos, los tres hijos referidos: nuestro protagonista y sus hermanos García, corregidor de Iniesta, y Mariana, cuyo testamento acabamos de citar. En Villagarcía del Llano se conserva la llamada “Casa del arzobispo”, domicilio familiar de los padres de D. Alonso Núñez de Haro.

Retrato nº 2 de Núñez de Haro.
Según  el historiador conquense Torres Mena, en el período 1790-1796 el arzobispo Núñez de Haro promovió a sus expensas la obra de una nueva iglesia parroquial en su población natal, a estilo de la catedral de México en miniatura. [4]

EDUCACIÓN E INICIOS DE SU CARRERA. Suponemos que en sus primeros años contaría con la tutela del cura de Villagarcía del Llano, D. Pedro Núñez Garrido, personaje vinculado familiarmente a nuestro protagonista, de quien nos consta que fundó en Cenizate una llamada “Pía memoria de la escuela”. [5]

En años posteriores, debió gozar de la tutela e instrucción del obispo de Maxulea y obispo auxiliar de Toledo, D. Andrés Núñez Monteagudo, natural de Villamalea y, según algunos documentos, “tío” del futuro arzobispo de México. D. Andrés Núñez Monteagudo fue obispo auxiliar de Toledo desde 1739 hasta su fallecimiento en 1761. [6]

Retrato nº 3 por José de Páez.
Posteriormente, D. Alonso Núñez de Haro estudió filosofía y teología en la universidad de Toledo, además de las lenguas hebrea, caldea, griega, latina, italiana y francesa. Tras recibir la borla de doctorado a la edad de 18 años, ingresó en el Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles en Bolonia, donde concluyó sus estudios teológicos, siendo posteriormente catedrático de Sagradas Escrituras y rector del mismo colegio.

En virtud de sus méritos, el Papa Benedicto XIV (1740-1758) dio cartas de recomendación dirigidas al infante D. Luis de Borbón y Farnesio, arzobispo de Toledo, “con particulares elogios de la gran Instrucción y Literatura de un Joven que a la sazón contaba solos veinte y tres años de edad”. [7]

Retrato nº 4 de Núñez de Haro.
Con estos avales, pudo ejercer como catedrático en la universidad de Ávila y como canónigo en Segovia, entre otros cargos menores. Los inicios de su carrera eclesiástica distaron de ser fulgurantes, como acertadamente  observa el historiador Paniagua Pérez: “(…) algunos prelados con espíritu ilustrado tuvieron problemas en su carrera eclesiástica. Así, por ejemplo, a Núñez de Haro no se le concedió una canonjía en Toledo a pesar de la petición de Benedicto XIV, como tampoco la de magistral de Cuenca y, sólo en 1756, se le dio una canonjía en Segovia, desde donde saldría para ser arzobispo de México en sustitución de Lorenzana”.  [8]

ARZOBISPO DE MÉXICO. Debido a sus destacadas virtudes, ya en 1771 fue propuesto al rey Carlos III para que se hiciera cargo del arzobispado de la Nueva España, nombramiento que recibió el día 12 de septiembre de 1772, ocupando, así, la sede episcopal que había dejado vacante D. Francisco Lorenzana (1722-1804) al ser designado cardenal de Toledo. 

Retrato nº 5: Núñez de Haro virrey.
Como arzobispo de México, Núñez de Haro fundó la Casa de Niños Expósitos del Señor San José, el Convento de Capuchinas en Guadalupe, el Seminario de Tepozotlán, el Hospital de San Andrés, etc. Asimismo, reformó varias órdenes religiosas, sujetándolas a normas más estrictas de clausura, e impulsó la terminación de la Capilla del Pocito en Guadalupe y las obras de la Catedral Metropolitana en la Ciudad de México.

La labor del arzobispo Núñez de Haro se ajustó a la norma de actuación mostrada por los prelados americanos ilustrados de su época, según la formulación del mencionado historiador Paniagua Pérez: “casi todos los prelados americanos nombrados durante el reinado de Carlos III tuvieron en común el deseo de una mejora de la sociedad (…) En sus diócesis trataron de mejorar las infraestructuras, de desarrollar la actividad económica, de potenciar la beneficencia y la educación, de formar a su clero, de fomentar la vida misional…, es decir, de desarrollar sus territorios en todos los sentidos”. [9]

Retrato nº 6 de Núñez de Haro.
LA CONDENA DE FRAY SERVANDO TERESA DE MIER. Un conocido episodio del arzobispado de Núñez de Haro fue provocado por el famoso sermón que fray Servando Teresa de Mier pronunció el 12 de diciembre de 1794, día de la festividad de la virgen de Guadalupe, en el cual, a presencia del virrey Revillagigedo y autoridades, se pretendía demostrar que el culto a la virgen de Guadalupe era prehispánico y no había, por lo tanto, motivos para agradecer a España la implantación de la fe cristiana en México. 

En un edicto de condena a Teresa de Mier, dado en marzo de 1795, Núñez de Haro declaraba “por falsa, apócrifa, impía e improbable la Historia de la Imagen de NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE que predicó el citado P. Mier, y que por tanto contiene su Sermón una doctrina escandalosa…”.

Carta pastoral de 1777.
En castigo por haber pronunciado semejante sermón, el arzobispo Núñez de Haro acusó a Teresa de Mier de herejía y blasfemia ante el Santo Oficio y le condenó a diez años de exilio en el convento dominico de Las Caldas (Cantabria). Además, fray Servando fue desposeído de su grado de doctor e incapacitado a perpetuidad para el ejercicio de la enseñanza, sermones o confesiones.

Posteriormente, escapó el sancionado fraile del convento de Caldas pero fue capturado y nuevamente encarcelado en el convento de San Francisco de Burgos. La tesis de su sermón fue revisada por teólogos de la Inquisición, quienes determinaron que no hubo blasfemia ni herejía; sin embargo, las influencias ejercidas por el arzobispo Nuñez de Haro impidieron su absolución. Ya en 1801 hubo de escapar por segunda vez y refugiarse en Francia. La historia del indómito Teresa de Mier habría de continuar con sus novelescos giros que trascienden ya del ámbito de nuestro artículo. 

El escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940) en un texto titulado “El fraile que se fugó siete veces”, recogido en la entrada correspondiente al “14 de diciembre” en su obra "Los hijos de los días" (2011), resume la persecución de que fue objeto fray Servando por parte de Núñez de Haro con las siguientes palabras:

Constitución de Casa de Expósitos en 1775.
 “En 1794, el arzobispo de México, Alonso Núñez de Haro, firmó la condenación de fray Servando Teresa de Mier. En el aniversario de la visita de la Virgen María a tierras mexicanas, fray Servando había pronunciado un sermón, ante el virrey, el arzobispo y los miembros de la Real Audiencia. Más que sermón, un cañonazo. Fray Servando se había atrevido a afirmar que no había casualidad ni coincidencia: la Virgen María era la diosa azteca Tonantzin, (…). Por haber cometido escandalosa blasfemia, fray Servando fue despojado de su título de doctor en filosofía y se le prohibió, a perpetuidad, enseñar, recibir confesiones y pronunciar sermones. Y fue condenado al destierro en España. A partir de entonces, siete veces estuvo preso y siete veces se fugó, peleó por la independencia mexicana, escribió las más feroces y divertidas calumnias contra los españoles y también escribió serios tratados sobre el proyecto de república, libre de ataduras coloniales y militares, que él proponía para cuando la nación mexicana fuera dueña y señora de sí”.

VIRREY DE LA NUEVA ESPAÑA. El 8 de mayo de 1787, sabida en la corte la muerte del virrey Bernardo de Gálvez, acaecida el 30 de noviembre anterior, D. Alonso Núñez de Haro fue nombrado virrey interino de la Nueva España, cargo que ocupó hasta el 16 de agosto del mismo año, en que llegó a la Ciudad de México el nuevo virrey Manuel Antonio Flores. 

Sermones escogidos de 1806.
Su breve ejercicio del cargo habría de merecer un juicio positivo a los historiadores del gobierno virreinal de México: “El efímero gobierno del Arzobispo Núñez de Haro fue a placer de todos, pues se condujo con prudencia como fino cortesano y caballero que era”. [10]

En 1792 fue condecorado con la Gran Cruz de la Real Orden de Carlos III, con la que sería retratado en múltiples ocasiones. Falleció en 1802 a la edad de 70 años y después de casi tres décadas de largo pontificado mexicano. Según los testimonios de la época, sus exequias se celebraron con pompa y aparato virreinal. 

OBRA LITERARIA. El arzobispo Núñez de Haro dio a la imprenta mexicana numerosas cartas pastorales, pláticas, edictos, providencias, sermones, etc

Sus numerosas cartas y edictos pastorales versaron sobre variados asuntos doctrinarios y organizativos de la diócesis, tales como el sacramento de la confirmación, la visita pastoral a los pueblos, las obligaciones cristinas con Dios y con el rey, medidas contra especulación y usura, etc. En ocasiones, sus edictos trataban sobre aspectos sanitarios de la vida diocesana: sobre “la operación llamada parto cesáreo”, sobre la epidemia de viruelas, etc.

Relación de las exequias de 1802.
En 1775 publicó las Constituciones de la Real Casa de Niños Expósitos; en 1777 las Constituciones del Seminario de Tepozotlán; en 1795 su ya mencionado edicto de condena al sermón predicado por fray Servando Teresa de Mier, etc. 

A su muerte, se publicó en México en 1802 una Relación de la fúnebre ceremonia y exequias de Don Ildefonso Núñez de Haro y Peralta …, con diversos panegíricos, sermones y composiciones poéticas diversas dedicadas a la memoria del finado arzobispo. Posteriormente, en Madrid, en 1806, se publicaron en tres tomos sus Sermones escogidos, pláticas espirituales y cartas pastorales, anteriormente impresas en México.

RETRATOS. Conocemos numerosas pinturas y grabados representando a nuestro personaje, algunas de estas obras de notable calidad y destacada importancia en la evolución de la pintura novohispana

Retrato nº 7con la Virgen de Guadalupe.
Retrato nº 1: En el primero de estos lienzos, Núñez de Haro está representado de medio cuerpo, vistiendo sobrepelliz blanca y capa roja. De su cuello penden rica cruz pectoral y banda azul y blanca con Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Con su mano izquierda bendice y con la derecha sostiene el báculo. A su izquierda se aprecia la mitra episcopal. Debajo del cuadro, en una cartela se lee la inscripción siguiente: “EL EXMO. E ILLMO. S. D. D. ALONSO NUÑEZ DE HARO, Y /  Peralta. Dignisimo Arzobispo de esta Sta. Metropolitana Iglesia de México, del Consejo de S. M. / Cavallero Gran Cruz de la Real y distinguida Orden Española de Carlos III e Ynterino Virrey Gover- / nador y Capitan Gral. de esta N. E. y Presidente de su Real Audiencia y Chancillería de esta Corte. Vice Pro- / tector de esta Real Academia de S. Carlos. Juró dhos. empleos dia 8 de Mayo de 1787 hasta 16 de Agosto del mismo año”.  

Esta obra, al igual que los dos siguientes retratos, se conserva en el Museo Nacional del Virreinato en Tepozotlán (México). Las tres obras podrían datarse en fechas posteriores a 1792, ya que éste fue el año en que Núñez de Haro recibió la condecoración mostrada en todas estas imágenes.

Retrato nº 8: Glorificación de la Inmaculada, 1774.
Retrato nº 2: El segundo de estos cuadros representa al arzobispo de cuerpo entero con similares vestimentas y fondo que en el caso anterior, con la única diferencia de que su mano izquierda sostiene unos papeles.

Retrato nº 3: Obra firmada por el pintor mexicano José de Páez (1720-1790). El arzobispo aparece de cuerpo entero, en actitud de bendecir con su mano derecha, mientras que en la izquierda sostiene un bonete. El fondo está compuesto por puerta de vidrios azules, mesa dorada, estanterías con libros, etc. A la derecha, en una cartela ovalada se lee una inscripción con datos biográficos del personaje. 

Retrato nº 9 de Núñez de Haro.
Retrato nº 4: En la página web de la casa de subastas Christie’s hemos localizado otro retrato del arzobispo atribuido a un seguidor de José de Páez. [11]

Retrato nº 5: Obra perteneciente a la serie de retratos virreinales. Núñez de Haro, de medio cuerpo, ataviado de alba blanca bajo capa morada ribeteada en rojo, con la mitra arzobispal al fondo, sostiene un documento en su mano derecha. El rostro del virrey no parece estar resuelto con la misma calidad que las manos y la rica cruz con pedrería sobre su pecho. La obra se fecha en 1787 y se conserva en el Museo Nacional de Historia de México.

Retrato nº 6: Retrato de medio cuerpo, similar en actitud y fondo a la obra de José Páez mencionada anteriormente, si bien con la diferencia de que, en este caso, la Gran Cruz de la Orden de Carlos III ha sido sustituida por una cruz menos ostentosa. Al parecer, en la iglesia parroquial de Villagarcía del Llano se conserva una copia de este retrato.  

Retrato nº 10 por Ximeno y Planes.
Retrato nº 7: Retrato del arzobispo D. Alonso Núñez de Haro y del abad José Félix Colorado bajo protección de la Virgen de Guadalupe, obra del pintor Ramón Torres. Conservado en el Museo de la Basílica de Guadalupe. En esta representación, la figura del arzobispo es exactamente igual a la considerada en el retrato anterior.

Retrato nº 8: La obra “Glorificación de la Inmaculada” data de 1774 y fue realizada por el pintor tardobarroco Francisco Antonio Vallejo (1722-1785). La pintura conmemora la gracia que el monarca Carlos III había recibido del Papa Clemente XIV para incorporar la advocación de “Inmaculada” a la Virgen María. En un plano superior, rodeada de una apertura de gloria y santos tutelares, la figura de la Virgen marca un eje vertical que divide la escena inferior en dos partes: el poder político, representado por el monarca Carlos III y el virrey don Antonio María de Bucareli a la derecha, y el eclesiástico, personificado por el Papa Clemente XIV y el arzobispo Núñez de Haro a la izquierda, todos ellos de rodillas y mostrando su devoción. Se conserva en el Museo Nacional de Arte de México.

Retrato nº 11 por José Maea.
Retrato nº 9: Retrato conservado en la Catedral Metropolitana de México, en el que se aprecia al arzobispo Núñez de Haro, con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, entregando libros a jóvenes ataviados con túnicas de color rojo. 

Retrato nº 10: En la Biblioteca Nacional de España se conservan dos grabados de Núñez de Haro. El primer grabado representa al arzobispo con la mano izquierda sobre un libro y la derecha sosteniendo papeles. Al fondo se ve una estantería con libros. Es obra dibujada por el pintor Rafael Ximeno y Planes (1759-1825) y grabada en México en 1798 por el grabador José Joaquín Fabregat (1754-1807). 

Retrato nº 11: El segundo grabado presenta un medallón ovalado con el busto del arzobispo, enmarcado por lazo, símbolos y leyenda latina del Eclesiastés: Adeptus est gloriam in conversatione gentis. Eccli. Cap. L. V. 5”. Fue dibujado por el pintor José Maea (1760-1826) y grabado por José Castro en Madrid en 1806.

HERMANOS Y SOBRINOS. La hermana del arzobispo, Dª Mariana de Haro y Peralta, falleció sin descendencia poco después de otorgar sus referidas últimas voluntades de 1753. De esta forma, la saga familiar de nuestro protagonista sólo pudo continuar con los descendientes de su hermano García Núñez de Haro. [12]

Consta en la documentación de la época este hermano de D. Alonso Núñez de Haro ocupando diversos cargos administrativos como: corregidor y justicia mayor en la villa de Albacete en 1771; corregidor de Iniesta en 1786; miembro del Consejo de Su Magestad en 1790; corregidor de las villas de Iniesta y Villanueva de la Jara  en 1791; etc. [13]
Árbol genealógico de D. Alonso Núñez de Haro y sus familiares.
Del matrimonio de este hermano D. García Núñez de Haro con Elena Ortega Pardo de la Casta, natural de Alcalá del Júcar, hubo numerosa descendencia, entre la que destacamos dos casos eminentes: [14]


-Ana Núñez de Haro y Ortega, hija de D. García y sobrina de D. Alonso Núñez de Haro, que viajó en el séquito del arzobispo a su toma de posesión en México en 1772. A esta sobrina le acompañaba en la ocasión su marido Joaquín Chacón y Torres, mayordomo del arzobispo. Posteriormente, sabemos que una hija de la pareja, llamada Josefa Chacón Núñez de Haro, habría de casarse con el ilustre chinchillano Vicente Cano Manuel y Ramírez de Arellano (1774-1783), quien fuera Diputado liberal en las Cortes de Cádiz, Ministro de Gracia y Justicia entre 1821 y 1822, Presidente del Tribunal Supremo de Justicia entre 1834 y 1838, etc.

Firma del arzobispo Núñez de Haro.
-Alonso Núñez de Haro y Ortega (1762-¿?), hijo igualmente de D. García Núñez de Haro y de Dª Elena Ortega, que fue sobrino y paje del arzobispo en el viaje a México en 1772. Licenciado en Leyes por la Universidad de Alcalá. Colegial y profesor en el Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles en Bolonia, donde trabó amistad con Leandro Fernández de Moratín, quien habría de citarlo en su correspondencia. Diputado en las Cortes de Cádiz, etc. [1]

Más información sobre “Diputados en las Cortes de Cádiz relacionados con Cenizate” en esta otra entrada del blog.

Más información sobre ciertas implicaciones literarias de la llegada a México de D. Alonso Núñez de Haro en 1772, en la entrada “Influjo de amor en la corte indiana” de este otro blog.


[1] Moratín cita, por ejemplo, a D. Alonso Núñez de Haro “Colegial del Colegio de España” en 1796,  en la carta número 71 de su Epistolario publicado por René Andioc en la Editorial Castalia, en 1973.


[1] Libro CEN-2 del Archivo Histórico Diocesano de Albacete.
[2] Fernando Rodríguez de la Torre y José Cano Valero, Relaciones geográfico-históricas de Albacete (1786-1789) de Tomás López, IEA, 1987, p. 302.
[3] Pedro Joaquín García Moratalla, Villagarcía a mediados del siglo XVIII (1749-1761), Ayuntamiento de Villagarcía del Llano, 1998, p. 175.
[4] José Torres Mena, Noticias conquenses, 1878, páginas 813-814. Al respecto también se pronuncia García Moratalla, Villagarcía a mediados del siglo XVIII, p. 171.
[5] En 1702, siendo cura de Bonete, predicó en la festividad de Santa Ana en Cenizate. En efecto, en junio de 1702, la cofradía de Santa Ana, habiéndose enterado de que D. Pedro Núñez Garrido, cura beneficiado de Bonete, tenía "boluntad de Pedricar en el dia de la Señora Santa Ana", acordó que "se le diga  y encomiende el Sermon y se le de lo que se le acostumbra dar a los Pedricadores en estos años" (CEN-14). D. Pedro Núñez Garrido debió ser el mismo que fundara una obra pía afectada por la desamortización de 1798 y conocida como la "Pía memoria llamada de la Escuela, que fundó en este Lugar Dn. Pedro Nuñez Garrido, Presbitero en la villa de Villa Garcia" (Protocolos de 1803 del escribano de Villamalea Pardo de la Casta, AHPA, Caja 640). 
[6] En la Respuesta de Villamalea a Tomás López: "...fue natural de este Lugar el Ilustrisimo Don Andres Nuñez Monteagudo, Obispo de Maxulea, Auxiliar de Toledo, y canonigo de aquella Santa Yglesia, y Gobernador que fue del Obispado en tiempo del Señor Ynfante Cardenal Don Juan". En la página X del “Sermón de honras…” contenido en la “Relación de la fúnebre ceremonia y exequias de Don Ildefonso Núñez de Haro y Peralta …”, se le califica como “Tío Obispo” de D. Alonso Núñez de Haro.
[7] Noticia y cita procedente de la dedicatoria al Arzobispo Núñez de Haro en el “Sermón panegírico al celestial cíngulo de la pureza del angélico doctor Santo Tomás que (…) predicó el Doctor D. Francisco Fernando de Flores”, México, 1795.
[8] Jesús Paniagua Pérez, artículo "La actividad ilustrada de los obispos americanos en tiempos de Carlos III" en páginas 123-154 de “España y América entre el Barroco y la Ilustración (1722-1804). II Centenario de la muerte del Cardenal Lorenzana (1804-2004)”. Universidad de León. 2005. La cita está tomada de la p. 131 y en ella he corregido el error de indicar “Benedicto XIX” en lugar del correcto “Benedicto XIV”.
[9] Jesús Paniagua Pérez, op. cit,. p. 131.
[10] Suplemento a la historia de los tres siglos de México durante el gobierno español escrita por el padre Andrés Cavo, tomo III, México, 1836, p. 72
[12] García Moratalla, Villagarcía a mediados del siglo XVIII, pp. 153-160.
[13] García Moratalla, Villagarcía a mediados del siglo XVIII (1749-1761), p. 179. La aldea de “los Molinos de Don Benito Pardo” en Alcalá del júcar era propiedad de “don Garcia Nuñez de Aro natural de Villagarcia”, según Fernando Rodríguez de la Torre y José Cano Valero, Relaciones geográfico-históricas de Albacete (1786-1789) de Tomás López, p. 100.
[14] Elena Ortega era hija de Benito Ortega, de Jorquera, y Ana Pardo de la Casta, de Alcalá, según Manuel de Parada y Luca de Tena, “Diputados por la provincia de Cuenca en las Corte generales y extraordinarias de Cádiz. Años de 1810 a 1813”. Hubo una sobrina llamada Isabel Ana, citada en el testamento de Mariana de Haro y Peralta en 1753, según García Moratalla, Villagarcía a mediados del siglo XVIII, p. 178.
[15] Moratín cita, por ejemplo, a D. Alonso Núñez de Haro “Colegial del Colegio de España” en 1796,  en la carta número 71 de su Epistolario publicado por René Andioc en la Editorial Castalia, en 1973.